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Cambio en el paradigma educativo: la reformulación de un nuevo escenario.

Actualmente nos encontramos con un paradigma educativo incongruente, donde una legislación educativa desfasada intenta forzosamente encajar con una sociedad que se actualiza día tras día a mayor velocidad, incluso, que los dispositivos tecnológicos que usamos en nuestra vida cotidiana. Este hecho nos lleva a tratar el famoso tópico de: necesitamos una nueva ley educativa; una reforma de pies a cabeza.

Una gran mayoría de docentes estamos de acuerdo con que hasta ahora, las leyes educativas han sido objeto de las batallas políticas, empleadas como armas para atacar a la oposición y jactarse de ellas. Claro queda que estamos hartos de dicha situación y que no es normal que en nuestro país se haya trabajado con hasta 8 leyes en 49 años. Desde 1970 se ha convivido y sobrevivido con la: LGE (1970), LOECE (1980), LODE (1985), LOGSE (1990), LOPEG (1995), LOCE (2002),LOE (2006) y LOMCE (2013).

Las ruedas de nuestra bicicleta se pincharon hace ya bastantes años, y cada ley ha sido un parche sobre parche. Ya es hora de cambiar la recámara y la cubierta a las llantas, y así conseguir que nuestros profesionales docentes se suban a su nueva bicicleta de carreras y lleguen a la meta de la nueva educación.

Por ello, a continuación vamos a hablar sobre los requisitos mínimos que debería de tenerse en cuenta para la implantación de una nueva ley acorde a la situación actual y futura. Si no podemos plasmar sobre el lienzo estas pequeñas pinceladas, que son los cimientos y la base de la construcción de una nueva legislación educativa, será imposible construirla en su totalidad, ya que sobre ella aún faltarían muchos temas que poner sobre la mesa para tratar y repasar con detenimiento.

Acto primero: nueva elección de contenidos.

Si le echamos una ojeada (que no solo hojear) a las programaciones estándar, que normalmente vienen copiadas y pegadas de una editorial (también estándar), podremos observar la monotonía de los contenidos, su repetición en bucle y la gran extensión de estos para una periodicidad irreal.

Si por el contrario vamos al Real Decreto, el Decreto o el famoso documento puente correspondiente a nuestra comunidad autónoma, podemos ver que los contenidos se repiten con un ligero cambio. Esta cambio, consiste en una reformulación del contenido anterior o, simplemente en un pequeño aditivo que consiste en el incremento de la complejidad del mismo.

De este análisis sacamos dos conceptos clave: masivo y repetitivo.

La legislación educativa, ubicándonos en la etapa de Educación Primaria (aunque también serviría para la etapa de Infantil), nos facilita permanecer durante dos años con el mismo grupo-clase. Y esto supone el punto de partida.

Todos sabemos que hay docentes en prácticas, también interinos, otros que concursan cada poco tiempo para moverse por diferentes contextos escolares, etc., o simplemente ‘’acercarse a casa’’. Pero un alto porcentaje de la plantilla pública puede disponer de ese privilegio de continuar durante dos años con su mismo grupo-clase.

Dicho esto, pasamos a plantear una situación en que el currículo se divide en dos. Por ejemplo:

  • Matemáticas: puede ser dividido en la parte de cálculo (la más concreta, incluyendo resolución de problemas), y la parte de geometría (la más abstracta); sumándole a ello el sistema sexagesimal y demás contenidos que guardan estrecha relación.
  • Lenguas: la parte de gramática, vocabulario y ortografía (la más mecánica, monótona y densa) y por otro lado, la expresión y comprensión escrita y oral (incluyendo de forma activa la dramatización).
  • Ciencias: la parte más técnica relativa a la energía, la materia, la geografía, la biología, etc., frente a la parte más social como el medio ambiente y su cuidado, la historia, la administración y gestión pública, así como los valores sociales de los diferentes países que integran la Unión Europea y el conjunto de continentes con los que convivimos.

Como se puede apreciar, toda agrupación de contenidos se puede segmentar y organizar a nuestro antojo tomando como base argumentos didáctico-pedagógicos para a continuación plasmarlo en nuestra programación. Mediante este ejemplo (variedades hay tantas como docentes) en lugar de repetir la misma programación durante dos años, se divide. Esto nos permite profundizar más en los contenidos que sean de principal interés para el alumnado, evaluar más detenidamente a nivel cualitativo y competencial y realizar actividades más extensas y significativas sin la necesidad de mirar el reloj para dar el escopetazo de salida a la siguiente unidad didáctica.

Obviamente podríamos sacar muchas más vertientes de cada área, por no hablar del área de Valores Sociales y Cívicos: uso de la tecnología, evolución de la Inteligencia Artificial, derechos de las sociedades del hemisferio norte y sur, situaciones de ámbito cotidiano, igualdad de género y/o cultura, etc.

Parece que queda claro, ¿no? Los documentos oficiales plasman los contenidos que deben darse en cada nivel, pero si vamos a pasar dos años de nuestra vida profesional con nuestro grupo-clase, porqué no alternar contenidos, combinarlos y/o dedicarles tiempo más allá del tópico de las 10 sesiones.

Esto solo son unas pinceladas. Podríamos entrar en metodologías que permiten el aprendizaje transversal de contenidos como son los proyectos científicos o teatrales, los ambientes de aprendizaje, las estaciones, la gamificación, la posibilidad de estudiar antes de las clases la teoría mediante Flipped Classroom y demás. Pero entonces este texto no acabaría nunca.

Acto segundo: en busca de… la metodología.

Una vez que ya sabemos que el aprendizaje de los contenidos se puede reducir o extender a dos años, para profundizar en el aprendizaje de ellos, será necesario algo que atrape al alumno y lo anime a aprender un contenido durante más tiempo del estipulado por norma general. Si ahora vamos a dar la mitad de contenidos por año, tendremos el doble de tiempo. Y cuando hablamos de tiempo entra en juego un factor muy importante, la motivación del alumnado ante lo nuevo.

Si tu unidad didáctica dura dos semanas, a veces es fácil tener a los estudiantes ‘’enchufados’’; pues cierras una unidad, empiezas otra y ya viene lo nuevo. Pero si ahora vas a emplear hasta un mes, o incluso dos meses si te encuentras en la Comunidad Valenciana y enseñas Ciencias sociales y/o naturales, ¿cómo lo hacemos?

En primer lugar, toda metodología debe adquirir un carácter competencial. Lo competencial incluye al saber hacer: manipular, emplear los sentidos, el cuerpo y la voz, visualizar desde diferentes perspectivas, compartir y comparar. Con lo cual, emplees una metodología que esté más de moda o menos, trata de tener en cuenta siempre las competencias clave, y si puedes ir más allá de la ley actual hazlo. Aproxima tu enseñanza a las competencias del siglo XXI: competencia en información como fuente y como producto, competencia digital y programación computacional, comunicación efectiva, colaboración e interacción virtual, responsabilidad social, impacto social, creatividad, emprendimiento, etc.

Los seres humanos necesitamos experimentar, por naturaleza, como cuando sentimos la necesidad de reptar, gatear, andar y por último disfrutar corriendo, generando serotonina y dopamina. Pues sí, así es el cerebro, dale movimiento, experiencias y acciones, y asimilará mejor todo concepto teórico y toda práctica relativa a ello.

Acto tercero: transición y conexión.

Como toda enseñanza, es necesaria una conexión, pues en cualquier acción educadora siempre coexiste un antes y un después. La educación no va del presente, sino que se disfraza de pasado, presente y futuro. Y hasta que no se nos meta esta idea en la cabeza, la educación será un sinsentido y una inconexión dentro del desarrollo psicoevolutivo de nuestro alumnado, el cual no termina al salir por la puerta del colegio con 12 años, sino que es un proceso que se extiende hasta los 16 años como mínimo.

La primera brecha la encontramos en la transición educativa de la etapa de Infantil a Primaria, y la historia termina con el divorcio entre Primaria y Secundaria. Omitiremos a bachillerato y la Universidad, estas etapas son para darles de comer a parte.

En Infantil la educación está planteada de forma interdisciplinar, mediante proyectos y con el aprendizaje competencial de contenidos reducidos y primordiales para una buena base de aprendizajes importantes para la vida, así como el establecimiento de ciertos hábitos de trabajo; por no hablar de la importancia que se le da al factor lúdico y al aprendizaje y desarrollo de las habilidades motoras y lingüísticas. Se haga mejor o peor, el sistema de enseñanza que emplean ahí está, y no se puede girar la cabeza mirando hacia otro lado.

El alumnado llega a Primaria… ¿Y? Y… ¡hagan sus apuestas! La lotería comienza, y habrá docentes que continúen con una metodología similar a la empleada en la etapa anterior; y por otra parte habrá quienes opten por una metodología más proclive a la presente en Secundaria. Porque claro, van a pasar al instituto, entonces… ¿por qué no prepararlos ya desde 1.º de Primaria? Intentaremos no volver a ser irónicos, el tema es serio.

En función de la fortuna del/la estudiante, habrá recibido una más metodología más cercana a la de la etapa anterior (Infantil) o de la nueva próxima etapa (Secundaria). Pasamos al instituto y todo se reduce a estrés, sirenas y cambios de personalidad. Libro, ejercicios y examen. Si ya había poca práctica, ahora menos.

Nos encontramos con tres etapas donde la del medio trata de coexistir con la anterior y la posterior, y donde los extremos (sí, anterior y posterior, de nuevo) no tienen nada en común. El primer error es no generar un cambio gradual. El segundo, no coger lo mejor de cada etapa.

En las primeras etapas a veces nos las damos de ir un paso más allá que en Secundaria, y en Secundaria a veces se las dan de no ver la utilidad en unas metodologías más activas y significativas por culpa de los horarios, el currículo y los problemas dentro del aula.

Lo que queremos decir con todo esto es que ninguno estamos haciendo nuestro trabajo de la forma más eficaz que podríamos, porque ninguno hemos tratado de establecer puentes de unión con las diferentes etapas (por norma general). ¡Pero en nuestro centro hay un Plan de Transición! Mmm… ¿de qué año? ¿contempla la inclusión? ¿contempla la evolución de la actual sociedad socio-económica y política?

Perdón, otra vez la ironía. De verdad que no la queremos, pero es nuestra compañera de discurso hoy.

Volviendo al tema, podemos decir que si cada etapa selecciona sus contenidos y escoge su metodología sin antes haber hecho una reunión previa de etapa para establecer un eje cronológico sobre el aprendizaje del alumnado, de nada sirve pasar al siguiente apartado; el compromiso. Para poder pasar al siguiente nivel debemos plantear desde cada centro una transición gradual de los contenidos entre Infantil y Primaria. Seleccionar, segmentar y buscar su aplicación pragmática en el proceso de aprendizaje. La metodología que se escoja deberá de ser algo pactado por el Claustro entero y que no suene a utopía. Para ello, habrá que ofrecer formación a todo el Equipo Docente en base a cómo queremos impartir nuestra enseñanza. Una vez acordado todo ello, habrá que reunirse con el centro de Secundaria para acordar unos mínimos metodológicos y formativos para que se pueda continuar con este modelo de enseñanza. Antes de romper a carcajadas, pasemos a las siguientes para atar estas palabras.

Acto cuarto: compromiso.

Se puede realizar una nueva selección de contenidos, actualizarlos, combinarlos y además, aprenderlos haciendo. Pero, ¿es una tarea sencilla? Todos sabemos que no, requiere de tiempo, trabajo en equipo y adaptación; en especial esta última. Va a ser un proceso que conllevará dejar atrás viejas manías o formas de proceder para sustituirlas por unas nuevas que en ocasiones nos ubicarán fuera de nuestra zona de confort.

Por ello, es importante antes que nada adquirir un compromiso con la causa, pues un instituto recibe alumnado de 2, 3 ó 4 diferentes centros públicos de enseñanza Primaria. Es decir, que si solo uno de los centros ha realizado todos los pasos anteriores no tendrá nada que hacer frente a la ideología del instituto reforzada por el apoyo de los otros centros que no han aplicado este cambio de sistema. Si todos los centros se comprometen de forma previa a ello, habrá unión, y esta deberá exigírsele en último lugar al instituto. Antes de ello, debería ponerse sobre la mesa todos los papeles que corroboran el esfuerzo de los centros de enseñanza Infantil y Primaria por la unión entre etapas y cómo se ha conseguido una transición entre ambas. Especialmente, cómo desde el tercer ciclo de primaria se ha dejado encaminado un trabajo que puede cumplirse en la etapa de Secundaria mediante algún planteamiento en áreas más sencillas sobre aprendizaje por ambientes, rincones, proyectos, etc.

Solo tendiendo la mano, podremos subir a más gente a nuestro tren.

Detrás del telón. Conclusión.

Todo lo dicho no es un camino ni corto ni fácil. Conlleva un mínimo de tres años para hablar sobre las tres etapas y sus transiciones. Acuerdos sobre contenidos, metodologías y reuniones interminables donde habrá que dejar de lado el ego y las redecillas del pasado (o los arpones).

Pero solo de esta manera podremos llamar la atención del gobierno. Solo así podemos conseguir el cambio de una ley educativa que reúna nuestros intereses. Pero para dejar patentes estos intereses hay que empezar a plasmarlos sobre el papel y practicarlos en las aulas.

Y ojo, que tenemos una gran barrera. La actual legislación, ya que Infantil goza de una mayor globalización en el aprendizaje y la etapa de Secundaria está completamente atada de pies y manos por una cantidad ingesta de contenidos que se ven forzados a trabajar cuando y como pueden.

La solución que proponemos es hacer ruido. Hacer ruido cumpliendo con todo lo que hemos propuesto en los tres apartados anteriores. Básicamente porque implica recortar la ley, reescribirla a nuestra manera y correr los riesgos que demanda un sistema educativo actualizado. Inspección es el primer contacto con la gente de arriba, y deberían de apoyarnos. No importan los expedientes, las represalias o las alegaciones que tengamos que exponer de carácter psicopedagógico. Nosotros/as somos quienes mejores conocemos qué necesita realmente esta generación de infantes y las venideras.

“En un mundo que cambia realmente rápido, la única estrategia en la que el fracaso está garantizado es no asumir riesgos”.

Mark Zuckerberg