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El miedo a ”lo nuevo”

Tras mucho tiempo de meditación y reflexión, parece que ya podemos dar el paso a exponer nuestros pensamientos sobre una experiencia por la que muchos y muchas docentes están pasando actualmente; aunque en tiempos pasados seguro que también ocurrió.

Hoy toca hablar de ‘’lo nuevo’’, y citamos entre comillas ‘’lo nuevo’’ porque cuando se trata de términos educativos, la innovación a veces no es tanta innovación, sino metodologías que se han rescatado de antaño para volverlas a poner en práctica ya que son muy significativas para el aprendizaje.

Ejemplo de ello son: la prensa escrita, la cuña de radio, el teatro y la dramatización, el trabajo científico en contacto con la naturaleza, el aprendizaje basado en números, las tertulias dialógicas, el club de poetas, montaje de telediarios, talleres de física o química, etc.

En ocasiones esto se puede trabajar mediante proyectos, grupos cooperativos, grupos interactivos, flipped classroom, rincones y/o demás modalidades de aprendizaje. Realmente, como hemos podido ver en películas o leído en libros sobre famosos pedagogos y pedagogas, o incluso centros de enseñanza libre o privada, nada de esto resulta novedoso.

¿Dónde está el problema entonces? Posiblemente en nuestro sistema educativo español, el cual estuvo anclado durante un largo período, sin necesidad de tomar referencias políticas. Este anclaje ha pasado a determinar un modelo educativo estándar, que no tiene porqué ser el correcto. Más antigüedad no significa más calidad.

Actualmente se habla de la necesidad de un modelo educativo que adquiera un carácter más competencial, menos mecánico y que conlleve el trabajo transversal de diferentes materias y aptitudes; además del emprendimiento, la cooperación y/o la colaboración.

No parece haber ningún problema, pues desde fuera se pide un cambio en el paradigma educativo y un determinado segmento docente responde a ello. Ahora bien, no todo pinta tan bonito. A medida que ese entusiasmo por generar el cambio y rescatar aquellas metodologías que antaño fueron tan relevantes (y que a día de hoy con el apoyo de las TIC y las TAC pueden evolucionar), comienzan a aparecer ciertas barreras inesperadas. Este texto va destinado a reflexionar sobre cómo afrontarlas y superarlas (consiguiendo adeptos y dando tiempo a las personas que intervienen en nuestra comunidad educativa); o simplemente evitarlas (ignorando todo aquello que pueda intoxicarnos mediante acciones educativas rígida e inamovibles).

Para adquirir una perspectiva más completa de cómo influye ‘’lo nuevo’’ en nuestro día a día, si eres del club de los y las docentes valientes, vamos a exponer los cuatro agentes que van a confluir en el mismo espacio y tiempo dentro de una comunidad educativa.

Primera parada: el claustro.

Cuando llegas de nuevas a un centro, si además eres nuevo o nueva en esta profesión, piensas que tus ilusiones por cambiar el mundo se contagiaran al claustro entero. Pero este es un mundo en el que vas a encontrar de todo, y siendo honestos, no es perfecto, pero tampoco es tan malo. Solo hay que saber convivir y respetar, o en su defecto ignorar (al ignorante). Aquí es donde se abren dos vertientes, y donde preferimos terminar con la más positiva y motivadora.

Por un lado, nos encontraremos con una parte del claustro que puede hacerte sentir desconectada, diferente e incluso ilusa, y ojo, en estos términos la edad no es un buen indicador para ejercer juicios de valor. Hay gente joven destruyendo carreras profesionales antes de tiempo (propias y ajenas).

Intentarás poner facilidades para que se unan a tu grupo de ‘’nuevas’’ metodologías, y aun así no conseguirás nada, porque solo ven adversidades. Este tipo de personalidad intentará hacerte ver que lo que haces no tiene sentido y que pronto te cansarás de ir a contracorriente, que ellos también empezaron así (mentira) y no sirvió de nada. En ocasiones, hasta tendrás que sentirte mal por lo que haces, aunque parezca una incongruencia profesional.

Podemos decirte que este tipo de personas no evoluciona, ni para bien ni para mal, solo viven ancladas y quieren anclar a su vera a más gente para no sentirse ellos como te hacen sentir a ti. Como podéis ver, esto es un círculo vicioso que va a parar hacia una actitud tóxica que pretende que el ciclo del desgaste profesional vuelva a repetirse. Este círculo vicioso es el de la famosa dicotomía del docente energético y motivado que acaba en docente agotado. Y además, alardean de tener ‘’mucha experiencia’’ a sus espaldas. Y por supuesto, con ‘’nada’’ de desmotivación.

Pero no todo en la educación es ironía tras ironía. ¿Cómo lo sabemos? Pues gracias a aquellas personas que haciendo autoreflexión a raíz de ver tu trabajo entienden que pueden y deben hacerlo mejor. No solo para sus estudiantes sino para ellos mismos, de forma que también puedan disfrutar de las clases junto a sus alumnos sin necesidad de mirar el reloj cada cinco minutos descontando lo que queda para la vuelta a casa. Cuando te ven a ti no se fijan en cuánto trabajas o dejas de trabajar, sino en tu sonrisa y tu felicidad; ese es el verdadero contagio que incita a ir un paso más allá.Es más, no solo observan tu trabajo y quieren unirse, si no que tendrán la confianza de opinar sobre mejoras que puedes o podéis realizar. Porque la unión hace la fuerza. Y es admirable esta gran fuerza de voluntad de lanzarse a la piscina tras años empleando un mismo método que ahora, a lo mejor, necesita un cambio de perspectiva o un rediseño.

Lo más ventajoso de conseguir adeptos no es que algunos sigan tu linea, si no que estas personas te ayudaran a construir tu línea de una forma más pulida, o lo que es mejor, VUESTRA línea de actuación. Es más, te enseñarán cosas que hasta ahora no sabías. Nunca des por imposible a ningún docente, ofrécele herramientas y facilidades para unirse al cambio, para disfrutar de la educación. Ahora bien, tampoco derroches excesivos recursos y tiempo en alguien que no quiere ser invitado al diálogo, al cambio.

Segunda parada: las familias.

Al igual que adeptos también los hay detractores, esto es algo universal se hable de quien se hable; y ahora les toca a las familias. Debemos ponernos en la piel de padres, madres y/o tutores legales. Imagina por un momento que durante cuatro o cinco años tu hijo o tu hija ha recibido una educación mecánica, de ensayo-error, actividades masivas sin sentido y exámenes tipo. Un modelo de educación al que tú como adulto/a te has adaptado para intentar ayudar a tus hijos a a superar las pruebas de evaluación, a realizar trabajos complementarios o a estudiar exposiciones orales; por poner algunos ejemplos.

Tras el verano llega una nueva docente, con una metodología diferente, con una gran cantidad de contenidos propios de un currículo más competencial y en gran parte considerado currículo oculto. ¿No notas esa sensación de desorientación, temor y duda? ¿De verdad mi hijo va a aprender más? ¿Realmente se va a conseguir adaptar en un solo trimestre y remontar en los dos siguientes?

Si no hemos empatizado con esta situación no podemos pedir a las familias que empaticen con nuestra seguridad o nuestra forma de ver la educación. Por ello, debemos traer a los detractores a nuestro terreno, y aprovechar a aquellos que están a favor, para así dinamizar y popularizar nuestra labor entre los ‘’corrillos de papás y mamás’’.

Una actuación esencial para conseguir esto es destinar un tiempo considerable a la atención a familiares, de forma semanal. Explicar de forma clara nuestras intenciones en una reunión de curso inicial también es un punto a favor. Y si encima nos apoyamos en referentes o investigadoras de renombre, mejor aún.

El resto del trabajo viene de la mano de los alumnos y alumnas de nuestra clase como más adelante veremos. Si ellos están contentos, en casa también. Todo esto no quiere decir que no debamos defender nuestra figura docente ni que debamos un ‘’servicio 24 horas’’ a las familias donde estemos a sus pies. Simplemente que ni todo es tan bueno ni todo tan malo, a veces hay que dejar de lado las diferencias y establecer puentes de comunicación y reflexión por un bien común: las generaciones futuras.

Tercera parada: el alumnado.

Este colectivo es a fin de cuentas el que articula nuestro éxito y quien determina nuestro sentimiento de realización. El alumnado también sufre un proceso de adaptación a las ‘’nuevas’’ o diferentes enseñanzas. Si bien es cierto, la gran flexibilidad de sus cerebros y las ganas por aprender todo lo nuevo, conlleva un incremento potencial en su capacidad de esfuerzo y trabajo.

Nuestro punto a favor con los alumnos y alumnas es por paradójico que parezca, ‘’lo nuevo’’. Lo que a nuestros compañeros y compañeras les generaba miedo, o incluso a nosotros, en los niños no se genera. Esa novedad se transforma en curiosidad, y la curiosidad activa a su vez la de motivación y la capacidad de esfuerzo. Solo por esto ya vale la pena intentar cosas diferentes.

En ocasiones, el alumnado se sentirá perdido, pero para eso está la figura docente, para actuar como guía durante el largo trayecto que supone su etapa de aprendizaje. Debemos dotar de todo tipo de experiencias y emociones el aprendizaje, entre las cuales debe haber cabida para: la frustración, la superación, la alegría, el compañerismo, la automotivación, la coevaluación, etc.

Cuando un alumno se queda con ganas de más, es un indicador puro de que las elecciones tomadas hasta ahora son correctas. Siempre y cuando haya un estudio previo a las necesidades e intereses del alumnado y en donde la legislación y la pedagogía vayan cogidas de la mano. Esas ganas por aprender se contagia a las familias, que al llegar a casa con sus hijos e hijas hablan en muchas ocasiones sobre la jornada lectiva.Y… ¡ese es nuestro caballo de Troya! Nadie convencerá mejor a las familias de lo que hacemos en el aula que sus propios hijos. Por ello, en ocasiones no hay que destinar tantos esfuerzos a convencer a la familias o al claustro, ya que de ello se encargan los peques. Nosotros debemos destinar esfuerzo a poner facilidades al resto de docentes para unirse a la causa. Facilidades en ocasiones es proporcionar materiales, recursos bibliográficos o incluso horas de tertulia, como un alumno más o una tutoría familiar. En otras ocasiones solo hace falta escuchar o solicitar ser escuchado. No seamos necios, nuestros compañeros y compañeras nos necesitan, y nosotros a ellos; nadie es un Dios de la enseñanza.

Conductor/a: TÚ.

Si algo sacamos en claro de todo esto es una cosa, que tú tienes el mando. O al menos debes tenerlo. ¿De qué? Pues de tu vida profesional. Evita a quien ignora tu ayuda, acércate a quien te apoye y te enseñe. Porque sí, los maestros y las maestras también aprendemos día a día, somos alumnos de nuestros compañeros y viceversa. Pero para que esto ocurra hay que dejar el ego de lado y poner por delante nuestra vocación, entusiasmo y visión global del conjunto.

Solo tú puedes escoger entre toda esa variedad de carreteras que se abrirán a tu paso durante tu carrera profesional. No tienes porqué tener una ruta fija y predeterminada; a veces conocerás a gente que te hará coger caminos alternativos con los que disfrutarás cantidad. Y en otras ocasiones conocerás gente que te cortará las carreteras. Pero no por ello debes dejar de viajar hacia tu meta: el cambio. Sin importar cuantos desvíos tomes, con cuenta gente increíble te encuentras o cuantas dudas siembres por el camino.

Lo más importante es que confíes en ti mismo/a, y ello va unido a: la autoreflexión, el autoconcepto y la autocrítica. Y si por el camino recoges a varios pasajeros, no olvides añadir a estos tres términos el prefijo ‘’-co’’.

Toda la gloria proviene de atreverse a comenzar.

Eugene F. Ware.